sábado, 25 de octubre de 2014

La red de espionaje Avispa envenena aún las relaciones entre Cuba y EE UU

La red de espionaje Avispa envenena aún las relaciones entre Cuba y EE UU
Tres de los cinco agentes cubanos detenidos en 1998 continúan
encarcelados en prisiones norteamericanas
JUAN JESÚS AZNAREZ Madrid 24 OCT 2014 - 19:08 CEST39

La cena de enero de 1998 con Gabriel García Márquez fue profesionalmente
suculenta porque se desarrolló en La Habana días antes de la primera
visita de un Papa a Cuba, Juan Pablo II, y meses después de la secreta
entrevista del escritor con Bill Clinton. Éramos cinco comensales
enganchados al anecdotario y revelaciones del premio Nobel de
Literatura, que nada dijo, sin embargo, sobre un asunto trascendental:
su reunión de meses atrás con el entonces presidente norteamericano para
entregarle una propuesta de Fidel Castro: la colaboración conjunta de
Estados Unidos y Cuba contra el terrorismo. Durante la sobremesa, García
Márquez pormenorizó mediaciones de altura para liberar a presos
políticos y acercar posiciones de gobierno, pero calló sobre su reciente
gestión ante un expresidente cuya novela preferida es Cien años de soledad.

Los años anteriores a la cena caribeña fueron convulsos. Tras el
derrumbe de la URSS y la pérdida de sus subsidios, el PIB de Cuba cayó
más del 30%, y el desabastecimiento hizo estragos. A duras penas, los
dos países solucionaron las consecuencias de la estampida de 30.000
cubanos hacia las costas de Florida, en la crisis de los balseros de
1994: hilvanaron una distensión que saltó por los aires en 1996 cuando
dos avionetas del grupo anticastrista Hermanos al Rescate fueron
derribadas por cazas MIG de la fuerza aérea cubana. Murieron sus cuatro
ocupantes. Al año siguiente se registraba una oleada de bombas y
atentados en La Habana para abortar el despegue de la industria
turística isleña. Murió un turista italiano.

Fidel Castro llamó entonces a su amigo Gabo para pedirle que informara a
Clinton sobre un "siniestro plan terrorista contra Cuba". El escritor lo
hizo durante un encuentro con Thomas McLarty, consejero presidencial
para América Latina. Las gestiones fructificaron y en junio de 1998 tuvo
lugar en la isla una inusual reunión entre agentes del FBI y de la
Seguridad del Estado cubana. Los delegados de Oficina Federal de
Investigaciones recibieron videos, fotografías y grabaciones probatorias
de la complicidad del exilio ultra en la campaña de atentados contra el
turismo en Cuba, mediante la aportación de dinero, explosivos, mano de
obra y nuevos objetivos, según fuente oficiales cubanas

Apenas dos meses después fueron detenidos los agentes cubanos que habían
conseguido la documentación compartida con el FBI en la insólita reunión
policial. Quedaba desarticulada la Red Avispa. "En lugar de actuar
contra los promotores del terrorismo, Luis Posada Carriles y Orlando
Bosch, nos detuvieron a nosotros, que teníamos a misión de impedirlo",
recordó en Madrid Fernando González, de 50 años, detenido en aquella
redada. Cumplió 15 años, cinco semanas y quince días de prisión con
cargos de espionaje. "¿Por qué nuestra detención en ese momento? Porque
a la extrema derecha de Miami y a su colaborador Héctor Pesquera,
entonces jefe de la oficina del FBI en Miami, les molestaba que Estados
Unidos y Cuba empezaran a entenderse en algo y se movieron políticamente
para sabotear el acercamiento".

El 12 de septiembre de 1998 se ejecutó la operación contra la red
cubana, acusada de haber intentado infiltrarse en el sanctasanctórum
informático del Comando Sur del ejercito. De madrugada, simultáneamente,
equipos SWAT irrumpieron en domicilios del sur de Florida y Los Ángeles,
y procedieron a la detención de Fernando González, condenado a 19 años
de prisión, René González, condenado a 15 años, Antonio Guerrero, a 21
años, Ramón Labañino, a 30 años, y Gerardo Hernández, sentenciado a dos
cadenas perpetuas al relacionarlo con el derribo de las avionetas. Los
cargos en el juicio del 2001 fueron actuar como agentes extranjeros sin
registrarse como tales, conspiración para cometer espionaje y
conspiración para cometer asesinato.

La infiltración en los grupos anticastristas resultó ardua. Los agentes
de inteligencia memorizaron biografía falsas, fingieron desencanto
político y decían que la revolución se había convertido en una dictadura
policial, y que algo había que hacer. En aras de la credibilidad, René
González, que cumplió 13 años de prisión, aterrizó cerca de los cayos de
Florida pilotando una avioneta robada, y Fernando González se inventó
una misión comercial itinerante para desaparecer de la isla. Según
Gerardo Hernández, considerado el jefe operativo de la Red Avispa: "Los
cubanos pueden llegar a Estados Unidos por cualquier vía. Lo único que
tiene, que decir es 'vengo en busca de libertad'", e inmediatamente se
les da todos los documentos".

Las dificultades afrontadas para no ser descubiertos fueron muchas. No
sólo debían extremar las precauciones en sus contactos, correos y
utilización de códigos. La clandestinidad afectó también la vida amorosa
de los agentes, casi todos treintañeros. Hernández comunicaba a sus
jefes las suspicacias del vecindario, extrañado de su ascética y
solitaria vida siendo joven y atractivo. ¿Convendría más promiscuidad y
frecuentes cambios de pareja? El agente optó por el traslado a Miami de
su esposa en Cuba. La novia norteamericana de Antonio Guerrero, que
había conseguido un trabajo de portero en la base naval de Boca Chica,
apremiaba con el matrimonio, y fruncía el ceño con las evasivas. No
salía de su asombro cuando su pareja utilizaba una cabina pública, en
lugar del teléfono fijo de casa, para contestar llamadas a deshoras.

El juicio contra "los cinco héroes antiterroristas", como se le llama en
Cuba, duro siete meses y tuvo amplia resonancia al celebrarse en la
efervescente Miami, con más de 700.00 habitantes de origen cubano.
Robert Pastor, miembro del Consejo Seguridad Nacional con el presidente
Jimmy Carter (1977-81), escribió en el New York Times: "Celebrar en
Miami un juicio contra cinco agentes de la inteligencia cubana es tan
justo como celebrar un juicio contra un agente de la inteligencia
israelí en Teherán". Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Gerardo
Hernández continúan presos.

Hace siete años, en declaraciones a un periodista de la cadena británica
BBC, Hernández, negaba haber aportado la información que llevó al
derribo de las dos avionetas de Hermanos al Rescate el 24 de febrero de
1996. En enero de aquel años, habían sobrevolado La Habana lanzando
octavillas que animaban a la sublevación. "Si usted revisa las
informaciones sobre esos días, verá que José Basulto (dirigente del
grupo anticastrista), lo anunció mucho antes de viaje. Él lo dijo:
Nosotros estaremos allá (en Cuba) el 24 de febrero".

Source: La red de espionaje Avispa envenena aún las relaciones entre
Cuba y EE UU | Internacional | EL PAÍS -
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