miércoles, 30 de noviembre de 2011

Cynicism Without Ambiguity / Luis Felipe Rojas

Cynicism Without Ambiguity / Luis Felipe Rojas
Luis Felipe Rojas, Translator: Raul G.

Just a few days ago, the Cuban ambassador to the United Nations asked
the High Commissioner for Human Rights, Navanethem Pillay, to join the
demands of protestors around the world who demand freedom for 5 Cuban
intelligence officials who all reside in US prisons. The diplomat
Rodolfo Reyes has pleaded this in the same exact spot where, just a few
years ago, Cuba denied the entrance of Manfred Novak, the international
torture inspector and whose position is similar to the one Mrs. Pillay
now holds, into the country. Both the denial of letting Novak into Cuba
and the petition issued to Pillay can be taken as acts of provocation.

Why did they deny Mr. Novak the right to enter Cuba's prisons of
Guantanamo province, where methods of torture known as "the rocking
chair" and "Shakira" are employed in order to break down both political
and common prisoners? Why does the Cuban government carry out what it
considers to be a just demand, pleading to Mrs. Pillay to tend to the
case of the well-known agents and not for others like Ana Belen Montes
who did testify about their acts of espionage and even worked with the
North American justice system?

A few days have passed since here in Holguin they celebrated the
so-called International Colloquium for the Five, a political event in
support of the Cuban intelligence officials who were caught in US
territory. Streamers, signs, marches, concerts and parties were how they
tried to entertain (us hyper-disconnected Cubans, natives of the Eastern
provinces) to protest for the freedom of the constantly promoted Cuban
agents. After all the planned festivities, the delegates who
participated stuffed themselves with hope and solidarity as they marched
off to their "indignant" worlds, leaving the rest of us here alone,
among the ashes of this poverty.

Translated by Raul G.

29 November 2011

http://translatingcuba.com/?p=12773

lunes, 14 de noviembre de 2011

La Red Avispa, el FBI y un restaurante de Hialeah

Testimonio: La Red Avispa, el FBI y un restaurante de Hialeah
Última actualización Monday, 14 November 2011

Tras su llegada a Estados Unidos, el profesor Edgerton I. Levy
-entrenado como el agente Ariel en Cuba- contactó a los agentes del FBI
antes de restablecer cualquier vínculo con la inteligencia cubana.

El simulacro de salida ilegal de Cuba había resultado una verdadera
odisea. La misión encomendada era a largo plazo y comprendía una
recomendación que Levy no pudo escuchar sin sentir un estremecimiento
interior: debía ver a su hijo Daniel como un posible continuador de las
labores de sus padres en territorio estadounidense.

Levy, su esposa Ivette Bermello y Daniel fueron acogidos como balseros
en el Hogar de Tránsito de Cayo Hueso el 24 de junio de 1993 y
entrevistados por los medios locales, incluyendo un equipo de Radio
Martí. Cumplido el primer paso, desde ese momento la preocupación
primordial del matrimonio fue hallar la mejor alternativa para contactar
a las autoridades estadounidenses y ponerlas al tanto de la real
encomienda que los había traído desde La Habana a Miami.

En esta cuarta y última entrega de su testimonio, Levy nos revela los
pasos que lo llevaron a primer contacto con el FBI y a propiciar el
control de la Red Avispa prácticamente desde su asentamiento en
territorio del sur de la Florida. Curiosamente, todo parece haber
comenzado en un popular restaurante de Hialeah.

Este relato y los anteriores de la serie publicada en CaféFuerte forman
parte de un libro testimonial que Levy tiene actualmente en preparación.

RESTABLECIENDO EL CONTACTO

Por EDGERTON LEVY

Una vez que culminó el proceso que oficializó nuestra estancia en los
Estados Unidos, nos llevaron al Hogar de Tránsito para los Refugiados
Cubanos -popularmente conocida como la Casa del Balsero-, donde ya se
encontraba esperándonos un equipo de Radio Martí que nos hizo una breve
entrevista. A la mañana siguiente, Arturo Cobo, coordinador del Hogar de
Tránsito, citó a un reportero del Canal 7 (WSVN-TV) para que nos hiciera
otra entrevista, que fue ese día televisada, reportando nuestro arribo a
tierras de libertad. Estas entrevistas y una pequeña nota aparecida en
El Nuevo Herald dos días después, el 26 de Junio de 1993, fue toda la
cobertura que tuvimos.

No haber contribuido a desarrollar un show mediático, como nos habían
ordenado que hiciéramos a nuestro arribo, fue el primer gran
incumplimiento de las órdenes que traíamos. La idea consistía -según nos
fue planteada- en que el exilio acogiera con bombos y platillos a dos ex
oficiales de las Fuerzas Armadas, dos ex profesores universitarios y dos
ex militantes del Partido Comunista, quienes habían decidido abandonar
la isla en desacuerdo con el régimen. Ello presuponía, por experiencias
anteriores acumuladas, que se nos abrieran las puertas para encaminarnos
al logro de los objetivos que inicialmente nos habían ordenado penetrar:
la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), Cuba Independiente y
Democrática (CID) y el Partido Unidad Nacional Democrática (PUND).

Evitar que nuestro arribo tuviera trascendencia, nos permitió eludir
vincularnos a actividad política alguna. Estábamos en un terreno
totalmente desconocido para nosotros, en el que debíamos primero
orientarnos para no dar pasos en falso. Mantenernos alejados de toda
actividad política, sería una constante a partir de este momento y así
nos propusimos que fuera mientras pudiéramos obviarlo, pues sabíamos
que al menos durante los próximos seis meses, no se restablecería el
contacto con la Inteligencia cubana operando en territorio americano.
Por lo que había un margen suficientemente amplio como para buscar una
salida a la situación poco común en que nos encontrábamos y hallar la
mejor forma de revelarle nuestra "misión" a las autoridades americanas.

Conjuntamente con la preocupación inicial que todo inmigrante tiene de
resolver un techo y trabajo para poder mantener a la familia, tuvimos
que enfrentar además, un reto adicional: ¿cómo deshacernos de los lazos
que nos ataban al régimen cubano? De haber tenido que responder por
nosotros solamente, todo hubiera sido mucho más sencillo. Nos hubiéramos
desvinculado de esta actividad y ahí acababa todo. Pero en Cuba habían
quedado nuestros hijos de matrimonios anteriores y teníamos que evitar
que ellos pagaran las consecuencias de nuestra decisión. Temíamos que si
se hacía obvio que nos desentendíamos de las misiones encargadas dentro
del exilio, ellos hubieran podido utilizar a nuestros hijos para
extorsionarnos y obligarnos a proceder acorde a sus intereses. Estábamos
obligados a hallar una solución que nos permitiera sobrellevar la
situación, o sea, aparentar que al menos estábamos intentando cumplir
las tareas que nos habían sido asignadas, hasta tanto lográramos sacar a
nuestros hijos de la isla. La dimensión de la tarea a enfrentar, hizo
que nuestros primeros meses en Estados Unidos fueran en exceso
angustiosos, además de lo difícil que habitualmente resultan para todo
inmigrante.

Mi esposa y yo estuvimos durante largas horas intercambiando opiniones y
evaluando diferentes alternativas. Desde Cuba, sabíamos que no íbamos a
hacer nada en contra del exilio ni de este país, pero no teníamos idea
de cómo salir de la situación en que nos encontrábamos. Sólo estábamos
seguros de que teníamos que poner en conocimiento de las autoridades
americanas las intenciones que la Dirección de Inteligencia (DI) tenía y
cuál era nuestra posición al respecto. Y teníamos que hacerlo antes de
restablecer el contacto con La Habana. El problema radicaba en cómo
hacerlo, sin que trascendiera.

Por suerte, del propio desarrollo de nuestras actividades cotidianas
brotó la solución. Yo había comenzado a trabajar en The Four
Ambassadors, un gigantesco condominio situado al final de la céntrica
Calle Ocho, en la zona de Brickell, compuesto por cuatro edificios de
más de 20 pisos cada uno, unidos por un lobby común. Tener en mis manos
el control de las tarjetas que mediante un sistema computadorizado daban
acceso a cada uno de los edificios y al garaje que ocupaba todo el
sótano del complejo, fue lo que me permitió encontrar una vía segura
para salir de la encrucijada en que nos encontrábamos.

Sucedió que en varias oportunidades la gerencia del condominio me pidió
que permitiera a oficiales del FBI enviados a mi oficina, acceder a los
listados de entradas y salidas que diariamente se computaban. Las
razones -valga de paso decir- nunca me las dijeron, ni yo las pregunté.
Al reiterarse estas visitas, me fue posible establecer una relación
directa con uno de estos oficiales, en un marco absolutamente privado y
ajeno a cualquier tipo de sospechas, ya que esta actividad era realizada
dentro de mi oficina a puerta cerrada y sin acceso al público que
habitualmente concurría. Cuando consideré oportuno el momento, le
expresé a este oficial, que tenía informaciones de importancia que
deseaba poner en conocimiento de quienes trabajaran en la sección de
contrainteligencia relacionada con Cuba. El oficial prometió ponerme en
contacto con alguien en posibilidad de canalizar mis inquietudes e
informaciones y se quedó con el número de mi beeper, que era entonces la
forma más directa de comunicación que existía. Sólo le pedí que no
deseaba hablar con ningún oficial de origen cubano o latinoamericano, lo
cual entendió.

Algunos días después de haber tenido la conversación con el oficial del
FBI, en el beeper me pusieron un número de teléfono. Al llamar, me
indicaron que debía ir a una determinada cabina telefónica, en una fecha
y a una hora específica, a la caída de la tarde, donde debía esperar una
llamada. Ese día, salí con tiempo suficiente para contra-chequearme
durante el recorrido y al contestar el teléfono, en el lugar y hora
establecida, me dijeron qué camino tenía que estrictamente seguir para
dirigirme desde donde me encontraba, hasta llegar al restaurante
Denny's, ubicado en la 49 Calle y la 10 Avenida, en Hialeah. Al llegar,
ya me estaban esperando dos oficiales del FBI, quienes inmediatamente me
identificaron y me invitaron a comer algo.

La reunión transcurrió de forma muy cordial y sosegada. Los dos
oficiales con quienes me reuní, trataron en todo momento que yo me
sintiera lo más confortable y relajado posible. Escucharon siempre
atentamente, sin ejercer ningún tipo de presión ni hacer
cuestionamientos. Preguntaron, cuando lo consideraron prudente o
necesario, y se limitaron a tener una idea lo más general y abarcadora
posible, de los planteamientos que hice. En esencia, expresé cuales eran
las intenciones de la Dirección de Inteligencia al prepararnos y
viabilizar nuestra salida hacia los Estados Unidos, dejando en claro
cuales fueron las verdaderas razones por las que, tanto mi esposa como
yo, decidimos aprovechar esta oportunidad para irnos de Cuba.

Les expliqué que nuestros hijos de matrimonios anteriores quedaron en la
isla y que por ello estábamos obligados a mantener nuestras relaciones
con la Dirección de Inteligencia y sobrellevar la situación, hasta tanto
lográramos sacarlos. La ayuda de ellos en la medida de lo que fuera
posible para viabilizar la salida de nuestros hijos de la isla, era lo
único que pedíamos a cambio de nuestra total y completa colaboración.
Reiteré, además, mi deseo de no tener relación con ningún oficial de
origen cubano o latinoamericano. Quedamos en que oportunamente se
pondrían de nuevo en contacto conmigo.

No pasaron muchos días cuando se repitió más o menos el mismo proceso
anterior para ponernos nuevamente en contacto en persona. Ahora, el
camino a recorrer desde la cabina telefónica fue mucho más largo, pues
estando en Hialeah tuve que ir hasta la I-95 rumbo Norte hasta Pines
Boulevard y al Oeste hasta el "C.B. Smith Park", en la confluencia con
Flamingo Road, en el condado de Broward. En esta oportunidad, me reuní
con los oficiales que a partir de este momento nos atenderían. Ahora, en
un ambiente campestre, al aire libre, bajo una frondosa arboleda,
coordinamos de forma muy general la manera en que a partir de este
momento íbamos a trabajar, cómo comunicarnos y cómo los mantendríamos al
tanto del proceso mediante el cual restableceríamos el contacto y
nuestra posterior labor con la inteligencia cubana.

A esta reunión inicial siguieron otras, algunas con la participación de
mi esposa, donde en esencia conocieron de nuestras vidas en Cuba y del
proceso de entrenamiento y salida hacia Estados Unidos. De esta forma,
quedó establecido el nexo con las autoridades americanas, mucho antes de
que fuera restablecido nuestro contacto con La Habana. Y a partir de
entonces absolutamente nada, quedaría fuera del conocimiento de los
oficiales del FBI con quienes nos mantuvimos en estrecha colaboración,
hasta el desenlace final de esta historia.

De la misma serie:

Red Avispa: las misiones que no deben olvidarse
De cómo fui captado para integrar la Red Avispa
El agente Ariel a prueba de sicólogos
Mi salida ilegal con supervisión de oficiales cubanos

http://cafefuerte.com/2011/11/14/testimonio-la-red-avispa-el-fbi-y-un-restaurante-de-hialeah/

Cuba's Spy Apparatus, a Conduit of Latin America Insurgency

Monday, November 14, 2011

Cuba's Spy Apparatus, a Conduit of Latin America Insurgency
By Jerry Brewer

To effectively monitor aggression, interference and other forms of
insurgency within their homelands, democracies throughout the Americas
must immediately address their governments' counterintelligence missions.

Cuba's Intelligence Directorate (DI), formerly known as the Dirección
General de Inteligencia, or DGI, has been and remains a contingency of
very well-trained, organized and financed agents of covert and hostile
espionage throughout the Americas and elsewhere.

The Cuban DI is responsible for all foreign intelligence collection. The
40-year history of the nefarious operations of the DI has included
active involvement in aiding leftist and dictatorial movements in Latin
America, Africa and the Middle East.

With Castro's recent subterfuge of renaissance into quasi-capitalism and
a modicum of professed freedoms - one for the decades, many people are
demanding that the U.S. trade embargo, in place since 1960, be lifted.

The truth is that Cuban espionage has been linked to villainous
associations with the Chinese and Iranians, as well as with Venezuela.
As well, a report from the U.S. Defense Intelligence Agency indicates
that Cuba has been expanding intelligence operations with others in the
Middle East and South Asia.

Cuba has trained thousands of communist guerrillas and terrorists, and
has sponsored violent acts of aggression and subversion in most
democratic nations of the southwestern hemisphere. U.S. government
studies within the intelligence community documented a total of 3,043
international terrorist incidents in the decade of 1968 to 1978. Within
that study, "over 25 percent occurred in Latin America."

President Hugo Chavez of Venezuela has adopted the previous
Soviet-styled Cuban intelligence service as his model for Venezuela's
security service, while utilizing Cuban intelligence counterparts and
advisors as his primary sources on security and intelligence. Moreover,
resisting U.S. drug and terrorism interdiction throughout South America
has been a busy agenda of Chavez.

Chavez is perceived to be the mentor of Bolivia's president, Evo
Morales, a former coca grower's union leader who recently, while seeking
to normalize diplomatic relations with Washington, stated that the DEA
is not welcome in his country.

In 2009 Ecuador refused to renew the ten-year lease to the United States
at Manta airbase, an action that was dismissed simply with language
describing a revision of the nation's Constitution under President
Rafael Correa's leadership. The Constitution "bans foreign military
bases" on Ecuadorian soil.

Still, the successes of the U.S. Southern Command and drug enforcement
operators in Latin America are well-documented.

As well, Panama, Colombia and Peru recognized the critical need to fight
narcotrafficking and terrorism, and quickly expressed interest in
alliances with U.S. efforts. The success of Colombia against the FARC
guerrillas, as well as Mexico's valiant fight against its narcoterrorist
organized crime insurgents, represent either one becoming part of the
solution or a part of the problem.

Getting back to Chavez, reports link his government with radical
terrorist organizations and other state sponsors of terrorism. Hezbollah
fundraising activities, in the form of "financial transactions," on
Margarita Island in Venezuela have been widely reported.

According to General Marcos Ferreira, a former Venezuelan Intelligence
Director, Chavez gave instructions to "destroy records" on ten suspected
Hezbollah fundraisers conducting suspicious financial transactions on
the islands of Margarita, Aruba and Curaçao, and in the cities of
Maracaibo and Valencia.

Margarita Island appears to be the center of an extensive terrorist
financial network stretching throughout the Caribbean to Panama, and the
Cayman Islands, where three Afghanis traveling on false Pakistani
passports were caught entering from Cuba with $200,000 in cash in August
of 2001. According to British colonial authorities, efforts to launder
the money through Cayman banks also involved a group of Arab businessmen.

The deployment of the Cuban Intelligence Service in Venezuela is so deep
that its agents enjoy "direct access" to President Chávez, and often
provide information not shared with local intelligence services, as
indicated by cables sent from the U.S. Embassy in Caracas to the State
Department,

Chávez has tried to indoctrinate the Venezuelan military, bringing in
thousands of advisers to replicate Cuban military doctrine, and to deal
with security and intelligence issues. Cuban officers are deeply
involved in intelligence and security matters in Venezuela, from the
acquisition of military equipment to overall military strategy. The
number of Cuban intelligence experts working in Venezuela is reported to
be around 3,000.

Too, reports place FARC and ELN guerrillas from Colombia in safe havens
in Cuba.

And, prior to Vicente Fox becoming president of Mexico, there was a
reported "gentleman's agreement" between Mexico and Cuba - that "Havana
intelligence could operate in Mexico, largely against U.S. targets, as
long as Havana did not meddle in Mexico's internal affairs." Cuba
continues to maintain a large intelligence-gathering hub in Mexico City.

----------

Jerry Brewer is C.E.O. of Criminal Justice International Associates, a
global threat mitigation firm headquartered in northern Virginia. His
website is located at http://www.cjiausa.org/.

http://www.mexidata.info/id3188.html

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Testimonio: Mi salida ilegal con supervisión de oficiales cubanos

Testimonio: Mi salida ilegal con supervisión de oficiales cubanos
Última actualización Wednesday, 9 November 2011 12:57

Concluida su preparación para viajar a Estados Unidos como el agente
Ariel de la inteligencia cubana, el profesor Edgerton Levy fue instruido
para simular una salida ilegal con su familia desde la costa norte de La
Habana.

Pero el simulacro de la partida se convirtió en una verdadera odisea. El
azar les jugó una mala pasada y no sería hasta el cuarto intento que
Levy y su esposa, la agente Laura, pudieron finalmente hacerse a la mar
y tocar territorio estadounidense.

En este tercer fragmento testimonial, Levy cuenta los agónicos
acontecimientos que rodearon su aparatosa fuga de la isla para
integrarse a la Red Avispa, la organización de espionaje que él mismo
contribuiría decisivamente a desmentelar poniéndose al servicio del FBI
desde su llegada a Estados Unidos en junio de 1993.

Los testimonios publicados por Levy en CaféFuerte forman parte de un
libro actualmente en preparación.

EL AZAROSO SIMULACRO PARA SALIR DE CUBA
Por EDGERTON LEVY

El segundo intento de salida tuvo lugar el jueves 1ro de octubre de 1992
y fue no menos desafortunado que el primero, aunque no hubo que sufrir
el trauma de salir en las condiciones naturales adversas de un punto en
la costa. Como se había acordado, la salida en esta ocasión tuvo lugar
desde la propia base de Tropas Especiales en Jaimanitas.

Llegamos alrededor de las nueve de la noche al mismo muelle techado al
que habíamos arribado anteriormente, que se hallaba igualmente desolado,
pero a diferencia del día de nuestro arribo, sólo se encontraba atracada
la embarcación del pescador de Cojimar con la balsa a bordo. Ya Frank y
el patrón -que así fue como lo conocimos y siempre le llamamos- se
estaban esperándonos, listos para partir.

Salimos al igual que en la ocasión anterior totalmente a oscuras y
navegamos con rumbo Norte algo más de tres millas, cuando viramos hacia
el Este hasta sobrepasar la ciudad de La Habana para hacer en esencia el
mismo recorrido. Ivette, mi esposa, tan pronto zarpamos tuvo que
acostarse nuevamente en la colchoneta, pues ya sabía que esa era la
mejor forma de soportar el ininterrumpido mareo que el bamboleo del mar
le ocasionaba. Daniel, nuestro hijo pequeño, retomó el juego con sus
carritos por toda la cubierta y nos desplazábamos tranquila y suavemente
en dirección Norte tras haber dejado atrás a la ciudad de La Habana
desde hacía un buen rato, cuando de pronto, sin haber sentido ni oído
nada previamente, un potente reflector se encendió sobre nosotros desde
de una Grifin [1] que se encontraba a oscuras y a menos de 100 metros de
distancia de nosotros.

- ¿Pero que hace esta gente aquí?, ellos no están supuestos a estar por
toda esta zona.

Fue la primera reacción de Frank, quien acto seguido nos indicó que nos
escondiéramos lo mejor posible dentro del camarote en la proa,
tirándonos todo lo que pudiéramos encima para evitar por todos los
medios que ellos nos pudieran ver.

La Grifin inmediatamente arrancó sus motores o les aplicó mayor
potencia, ya que comenzaron a sonar estruendosamente mientras daban
vueltas alrededor de nuestra embarcación y anunciaban por unos
altoparlantes sus intenciones de abordarnos. Frank estaba frenético y le
indicaba al patrón que maniobrara de forma que les fuera totalmente
imposible alcanzar sus propósitos, ya que eso abortaría por completo
la operación, y al mismo tiempo les gritaba a los guardafronteras que
la embarcación era de pesca y estaba debidamente autorizada a operar, y
que no estábamos haciendo nada indebido. La Grifin continuaba girando a
nuestro alrededor, acercándose cada vez más amenazadora en sus pases e
insistiendo en que les posibilitáramos subir a bordo.

Convencido de que no desistirían hasta tanto lograran sus propósitos,
Frank decidió darles el nombre y el cargo de un oficial de Tropas
Guardafronteras con el cual podían verificar que todo se encontraba en
orden en relación con nuestra embarcación. Al parecer, la patrullera
verificó a través de su Puesto de Mando la información que se le dio y
recibió instrucciones de que nos dejara continuar, pues de repente se
alejó definitivamente, dejándonos en paz. Aunque en realidad, ya nada
sería igual.

- Bueno, ¿y ahora que hacemos?, inquirió Frank mirándome.

La pregunta quedó suspensa en el aire en espera de una respuesta que
sólo él mismo podía dar, pues era quien estaba al frente de la
operación. Era evidente que las ráfagas que soplaron en la Dirección
General de Inteligencia (DGI) después del fracaso de la primera salida
aún estaban frescas y quería asegurarse de que la decisión que tomara al
menos contara con alguna opinión de nuestra parte; o tal vez sólo quería
que la decisión de regresar que ya tenía en mente, no saliera
precisamente de sus labios.

- Yo creo -comenzó a responderse él mismo al ver que yo me quedé
impávido- que no va a quedar más remedio que regresar, pues ellos
debieron reportar por radio el nombre de la embarcación y sabe Dios que
otras informaciones más sobre nosotros que pudieron ser oídas por los
radio escuchas enemigos.

- ¿Qué tú opinas, Ariel? –insistió.

Tomé algún tiempo para responderle, porque realmente yo no había logrado
sobreponerme a la desagradable impresión que me causó la oscura
patrullera gris maniobrando agresiva a nuestro alrededor mientras el
patrón la esquivaba para evitar que se nos acercara demasiado. Todavía
estaba asustado y me sentía aturdido e incrédulo con lo que había
acabado de presenciar, pero la idea de regresar de nuevo no me gustaba
ni un poquito. Me daba mala espina. Pensé que era mucho mejor continuar
nuestro camino, pues la existencia de comunicaciones sobre nosotros
podría ser considerada por ellos como un elemento adverso a los
propósitos del viaje, pero a mí que podía importarme si en fin de
cuentas mi objetivo era irme de Cuba y para eso lo único que tenía que
hacer era continuar navegando rumbo Norte.

- Frank, yo no creo que eso sea algo tan importante. Tendríamos que
ponernos de muy mala suerte para que alguien haya estado monitoreando
esa conversación. Además, me imagino que ese tipo de intercambio tenga
lugar de forma cifrada, por lo que no tendríamos de qué preocuparnos.

- Pero nada de eso lo sabemos a ciencia cierta. Bien pudo ser
monitoreada y también los guardafronteras pudieron considerar que se
trataba de una situación de rutina y soltarlo todo abierto, ¿quién sabe?

- Ok. Vamos a poner por caso que ellos dieron el nombre de nuestra
embarcación abierto y la reportaron en actividades sospechosas, ¿Qué
tendría eso que ver? En fin de cuentas es muy probable que ellos ni
siquiera nos hayan visto a nosotros y sólo los hayan reportado a
ustedes, lo que no tendría por qué afectar los objetivos de nuestra
salida. ¿Acaso con regresar solucionamos el problema? No, no lo creo. No
te das cuenta que de todas formas el nombre de la embarcación va a
seguir siendo el mismo hoy y mañana, a menos que se le cambie.

- En ese caso alguien, que no somos nosotros, tendrá que tomar una decisión.

No se dijo una palabra más ni valía la pena continuarle insistiendo,
pues era evidente que él ya estaba decidido a regresar. Dio
instrucciones al patrón e inmediatamente iniciamos el viaje de vuelta a
la base de Jaimanitas.

La determinación de Frank me hizo dudar de sus verdaderas intenciones y
de repente sentí como que eso era lo que precisamente alguien estaba
deseando que sucediera. Boris muchas veces nos dijo durante el proceso
de preparación operativa: "Tengan siempre presente que en este negocio
no hay nada casual, duden siempre de todo y de todos". Eso mismo fue lo
que hizo Barbán tras el fracaso del primer intento de salida. ¿Pero qué
interés podía tener alguien en poner trabas a nuestra salida? De ser
cierto que no se trataba sólo de un conjunto de casualidades, el
objetivo no debía ser interrumpir nuestra salida, sino poner obstáculos
a la gestión de Barbán y de los militares dentro de la DGI -con lo cual
se nos identificaba- y en ese caso tanto Wilfredo, como Boris o Frank, o
incluso algún otro u otros oscuros personajes que desconocíamos, podrían
estar detrás de tales intenciones. Recordé que la Grifin apareció tan
sigilosa y repentinamente, que tal parecía que nos había estado
esperando. ¿Será posible que todo esto sea fruto de una bien preparada
encerrona?

Envuelto en repasar una y otra vez todo lo sucedido y en tratar de
hallar una explicación me mantuve la mayor parte del trayecto,
interrumpido sólo por el creciente malestar de Ivette, quien se
atemorizó tanto con lo acaecido que experimentó una violenta subida de
presión arterial, conjuntamente con un aumento de los mareos debido a
los bruscos giros que se dieron al esquivar la Grifin y al incremento
del bamboleo de nuestra embarcación cada vez que esta se nos acercaba
por las bandas. En verdad, la situación había estado bien fea, pues la
patrullera se había mostrado crecientemente agresiva al ver que no
obedecíamos sus órdenes. Y la salud de Ivette, que ya se encontraba
resentida desde el viaje anterior y por toda la tensión emocional que
inevitablemente la invadió al acercarse la hora de hacernos de nuevo a
la mar y el mareo que le ocasionaba navegar, alcanzó su clímax en el
inesperado encuentro.

Si algún consuelo encontré en el regreso, fue la desazón que sentí al
verla totalmente derrumbada en la cubierta. Ahora quejándose llorosa
además, del fuerte dolor de cabeza que se sumó al ininterrumpido mareo.

Tan mal se sentía que tan pronto llegamos a Jaimanitas hubo que cargarla
para bajarla de la embarcación y acostarla en el muelle, el que por
fortuna estaba tan desolado como lo habíamos dejado sólo algunas horas
antes. Pasada la medianoche llegaron Wilfredo, Boris y una doctora que
inmediatamente la auscultó, le inyectó gravinol para quitarle los mareos
y le dio algunas pastillas para bajarle la presión arterial. Al rato de
la doctora estar con ella e intercambiar con los oficiales de la DGI,
Wilfredo mostrando evidente preocupación, me llamó aparte.

- Ariel, la doctora opina que Laura está tan mal, que no debe volver a
navegar al menos en varios días. Pero el problema es que ya esta
embarcación ha entrado y salido tantas veces que está "quemada" y dudo
que si no vuelve a salir con ustedes esta misma noche, el mando superior
autorice continuar utilizándola. Además, está el incidente con esa
patrullera que no se suponía que estuviera donde estaba y que según
pudimos conocer fue obra del capitán, quien inconsultamente decidió
moverse hacia esa área y por poco nos echa a perder definitivamente toda
la operación. Ya consulté con Boris y Frank, y ellos están de acuerdo
conmigo, pero no quisiera tomar una decisión sin antes conocer lo que tú
opinas.

En el intercambio previo entre ellos es de suponer que Frank les informó
que yo no había estado de acuerdo con regresar, por lo que previendo lo
que pudiera suceder posteriormente, de seguro vinieron a sondear lo que
pensaba, estando las cosas como estaban en esos momentos. Y no era menos
cierto que con el deterioro del estado de salud de Ivette ya la
situación no podía ser igual, por lo que le pedí que me permitiera
hablar con ella antes de darle alguna opinión y así podría contar no
sólo con la mía, sino con la de ambos. Él estuvo de acuerdo.

Una enorme preocupación

A mí en verdad el corazón se me partía al verla sintiéndose tan mal que
a duras penas podía abrir los ojos o hablar, de tanto que le dolía la
cabeza. Y a pesar de que ya llevábamos algún tiempo fuera de la
embarcación, todavía se sentía mareada y tan débil y desgastada, que le
era imposible incorporarse; por lo que me acosté a su lado en el muelle
y entre mimos, caricias y besos llenos de cariño y ternura, abordé el
asunto que a pesar de su malestar, para ella no había dejado de ser una
preocupación.

- Mira, aquí lo más importante ahora es tu salud y que tú te recuperes y
te vuelvas a sentir bien para poder seguir todos juntos adelante,
recuerda que somos un "team" y por donde salga uno vamos a salir los tres.

- Es que yo no quiero que por mi culpa se vaya a echar todo a perder.

- Pero si no fue culpa tuya. Tú no fuiste quien ocasionó todo esto, por
el contrario has sido la víctima por partida doble y ahora lo más
importante es que te vuelvas a recuperar, y ya veremos después qué es lo
que pasa.

- ¿Pero Wilfredo te aseguró que más adelante habrá otra oportunidad?

- No. La verdad es que él no puede asegurarme eso, porque no está en
sus manos ni creo que esté en condiciones de estar ofreciendo nada. Más
bien tuve la sensación de que considera que hay que aprovechar esta
oportunidad, porque si esto fracasa, no es posible predecir lo que vendrá.

Apuntalando la aventura

Eran alrededor de las dos de la madrugada y acordamos finalmente esperar
hasta cerca del amanecer para ver si ella mejoraba, en cuyo caso nos
haríamos nuevamente a la mar. Si no lograba sobreponerse, entonces
regresábamos a la "casa de trabajo" hasta ver que se determinaba.
Wilfredo estuvo de acuerdo.

Cuando el alba comenzó a despuntar ya navegábamos nuevamente con rumbo
Norte y apenas se distinguía la línea de la costa en un amanecer brumoso
y húmedo. Daniel se quedó dormido poco después del incidente con la
Grifin y había estado durmiendo ininterrumpidamente desde entonces.
Ivette en un esfuerzo supremo por abandonar el país y que acabara de una
vez ese suplicio para ella, decidió lanzarse nuevamente al mar y estaba
de vuelta en su permanente posición horizontal en la cubierta de la
embarcación.

Ya Frank había tirado al agua la balsa para que yo pasara a ocupar mi
lugar tan pronto acabara de levantar la mañana, mientras que yo me había
dado a la tarea de preparar el desayuno. Era un amanecer extraño. Los
débiles rayos del sol no lograban traspasar aun la bruma que lo cubría
todo y bajo un cielo gris el mar se encontraba calmado, pero nos
desplazábamos en medio de una serie de tenues ondulaciones, en un
continuo subir y bajar de olas que no llegaban a romper, sino que más
bien se deslizaban suavemente por todas partes en una arrítmica e
interminable sucesión, cuando de repente alguien gritó: "¡Se soltó la
balsa!".

Efectivamente, el cabo se hundía en el agua a cierta distancia, tras la
espuma que a su paso iba dejando la embarcación y en el contorno lleno
de ondulaciones que nos rodeaba, no había rastro alguno que indicara la
presencia de la balsa. De nuevo, Frank saltó de sus cabales y se puso en
extremo nervioso y preocupado, consciente de que en esta ocasión nadie
más que él cargaría con toda la culpa, a la que seguramente sumarían
todo lo anterior. Si por rasgarla y dañar el motor hubo tremenda
algarabía, era mejor ni imaginar que va a suceder por perderla.
Intercambiando con el patrón, ambos se dieron a la tarea de calcular
hacia donde se habría podido desplazar la balsa con el fin de salirle al
paso, teniendo en cuenta la dirección de la corriente en el mar y la
distancia que habríamos avanzado sin ella. Era más difícil que hallar
una aguja en un pajar, pero al menos había que intentarlo y al igual
que el patrón, Frank tenía mucha experiencia navegando. No sólo por el
carácter de sus actividades en la DGI, sino porque había nacido en el
seno de una familia de pescadores en Batabanó, un pequeño poblado
dedicado esencialmente a la pesca en la costa sur de la provincia de La
Habana, popularmente conocido por ser el punto de acceso más común con
la Isla de Pinos -renombrada por el régimen como Isla de la Juventud- a
través de un ferry.

Rastreando la balsa

Según nos contó en alguna ocasión, su padre poseía un barco de pesca
similar al del patrón, en el que desde niño había aprendido a navegar.
Más de dos horas fueron empleadas en rastrear la desaparecida balsa, que
por suerte no fueron infructuosas, ya que al fin se pudo dar con ella,
evidenciándose el conocimiento del mar que ambos poseían.

No había pasado mucho tiempo tras enrumbar hacia nuestro destino cuando
el motor de la embarcación comenzó a confrontar un problema que según el
dueño era habitual y de fácil solución, de tener a bordo la pieza que
necesitaba. En esta tercera salida yo no había siquiera pasado a la
balsa y ya se estaba planteando la necesidad de virar a buscar la pieza.
Por fortuna no estábamos tan lejos de nuestro punto de partida, por lo
que regresamos hasta acercarnos a media milla de la base de
Jaimanitas, hasta donde Frank fue a nado mientras nosotros lo
esperábamos al pairo en las cercanías.

La espera resultó un tiempo de gran agrado para Daniel -pues nos
pusimos a pescar bajo la orientación del patrón- pero fue desastroso
para el estado físico y emocional de Ivette, quien dijo sentirse peor
estando el barco con el motor apagado al compás de las olas, que cuando
se encontraba en movimiento. No obstante, el patrón prefirió no volverlo
a encender hasta recibir la pieza, para evitar males mayores. Al cabo de
un rato, Frank regresó en una embarcación con la pieza y un mecánico, y
el problema fue resuelto, ya que el dueño del barco sabía exactamente de
qué se trataba.

Tiempo en contra

Continuamos el accidentado simulacro de salida ilegal pasadas las cinco
de la tarde en medio de condiciones atmosféricas que cada vez se
deterioraban más, y no había aun caído la noche cuando se desató una
tremenda tempestad. Avanzábamos en medio de un fuerte viento y un mar
picado con un oleaje cada vez más violento, con olas de más de tres pies
que rompían por doquier y no acabábamos de salir de una cuando ya
teníamos la otra encima. Salvo Daniel e Ivette, quienes permanecían
guarecidos dentro del camarote, el resto estábamos empapados con el agua
que entraba al barco por todos lados.

Sin embargo, continuábamos avanzando callados, sin que ninguno se
atreviera a decir nada. Un regreso a Jaimanitas significaría el fin de
tanto esfuerzo y de forma muy particular el que estaba haciendo Ivette,
quien no hacía más que llorar en silencio y no fue capaz de quejarse ni
en una sola ocasión. Esto sólo lo sabía yo, que me mantuve en la
cubierta y alternando con Ivette y Daniel en el camarote para darles
consuelo y que de alguna forma se sintieran más protegidos; pero a
medida que el tiempo pasaba -hablando en términos de minutos- mayor era
mi angustia y crecía mi impresión de que las condiciones atmosféricas
estaban tan malas que la estábamos sacrificando por gusto, amén del
creciente peligro que se cernía en particular sobre ellos dos, que eran
los más indefensos.

- Ustedes que son los que saben de esto –me aventuré finalmente a romper
la inercia en que todos nos encontrábamos- ¿creen que tenga para cuando
acabar, a corto plazo?

- ¿Usted que opina, patrón? -preguntó a su vez Frank con la evidente
intención de quedar totalmente al margen de la opinión que daría al
traste de una vez por todas con nuestro intento de salida.

Lo que decidió el patrón

El patrón, hombre de pocas palabras, medido en extremo e incapaz de
haber dicho nada si no se le hubiera preguntado, pero cuya sencillez y
honestidad le impedían esconder la preocupación que su semblante
reflejaba, inmediatamente respondió que permitir que la noche nos
cogiera en esas circunstancias sería un suicidio.

- Entonces, ponga rumbo a tierra -ordenó Frank.

Si no era obra de los hombres, y en esta ocasión todo parecía indicar
que no lo era, daba la impresión de que en contra de nuestras
intenciones se levantaban fuerzas sobrenaturales o había una falta de
voluntad divina para que pudiéramos continuar avanzando en nuestro
propósito.

Y aunque tanto en esta ocasión como en los anteriores fallidos intentos
de salida siempre me dije para mis adentros que "todo lo que sucede
conviene", esta fue la primera vez que de todo corazón me alegré de que
regresáramos y de pisar nuevamente el muelle, aunque este fuera el
muelle techado de Jaimanitas. Otras veces en mi vida me había cogido el
mal tiempo en alta mar pero siempre había sido en barcos grandes; ahora
la situación había sido completamente diferente y había sentido la
impresión de que estaba absolutamente indefenso y a merced de los
caprichos de la naturaleza.

Ivette, la heroína

Por esta vez, regresar sano y salvo junto a mis dos seres queridos, más
que un inconveniente de consecuencias fatales para nuestras intenciones
de marcharnos del país, fue recibido como una verdadera bendición.

La valiente, estoica, firme y decidida actitud de Ivette comenzó a hacer
historia a partir de entonces entre los oficiales de la DGI que nos
atendían. Todos esos fueron algunos de los muchos calificativos
expresados en diferentes momentos posteriores por uno u otro oficial y
su imagen ante ellos cobró, con justicia, dimensiones de heroína.

No creo estar equivocado al afirmar que este fue precisamente uno de los
elementos, si no determinante, de mayor importancia, para la decisión de
que nuestro proyecto de salida se mantuviera en pie. No se puede negar
la posible intención o determinación que tal vez haya tenido Barbán, de
no dejarse derrotar en caso de haber existido una componenda dirigida a
crearle problemas o ante la necesidad de justificar el tiempo y los
recursos empleados en nuestra preparación operativa.

Sucedió que mientras esperábamos a que Boris nos viniera a recoger,
Frank y yo estuvimos intercambiando sobre cuál podría ser el futuro de
tanto esfuerzo y sacrificio, y creo que si en algún momento él tuvo que
ver algo con algunas de las "casualidades" que nos afectaron, en esa
oportunidad se sintió sinceramente conmovido con los esfuerzos que
Ivette había realizado para no echar a perder la operación. No sólo
porque así me lo hizo saber, sino porque fue el principal promotor en
buscar una salida ante la delicada situación que enfrentábamos.

Fue Frank quien dio la idea de utilizar alguna de las muchas
embarcaciones requisadas en previos intentos de salida ilegal y que
permanecían abandonadas en el cementerio de barcos aledaño a la unidad
donde nos encontrábamos. Y manifestó su convencimiento de que yo podría
conducir con éxito hacia nuestro destino.

La última decisión

En más de una oportunidad durante las salidas recientes, al encontrarse
el patrón y él ocupados por diversos motivos, acostumbraban a confiarme
la embarcación, la que siempre conduje sin confrontar problemas.
Además, por simple curiosidad y porque me gusta el mar y disfruto la
navegación, me mostré siempre interesado en conocer lo más que pudiera,
por lo que Frank aseguró estar confiado en mis posibilidades y se mostró
además dispuesto a ser mi tutor y enseñarme lo que me pudiera faltar
para llevar la empresa a feliz término. Quedaba la parte más espinosa de
esta idea y era contar con la aprobación de Ivette que allí mismo, de
forma sorprendente, el propio Frank logró con estos argumentos.

Más que nada por la necesidad de mantener con vida nuestras esperanzas
de tener una vida futura mejor, para nosotros y para Daniel, y poder
ayudar a nuestros otros hijos que quedaban atrás, pero ya también
convencida de mis habilidades para navegar, Ivette finalmente accedió a
la posibilidad de que nuestra salida fuera realizada en una embarcación
que yo conduciría hasta las costas de Estados Unidos. Volvíamos a la
idea original, expresada por Barbán, pero con mucha más experiencia y
confianza en nuestras propias posibilidades.

De repente, me sentí íntimamente más satisfecho e identificado con esta
idea que con la de lanzarme al mar con mi familia en una balsa -aunque
esto en realidad no fuera más que una suposición- y en esta ocasión que
me sentí totalmente cómodo con la variante propuesta de escapar
conduciendo una lancha.

No obstante, el futuro era incierto. Después de tres fracasados
intentos de salida ilegal, con la balsa llena de remiendos y sin ninguna
seguridad de poder flotar por mucho tiempo, el motor roto y la
embarcación del pescador de Cojímar "quemada" por las reiteradas
entradas y salidas al Estado Mayor de Tropas Especiales en Jaimanitas,
quedaba solamente esperar por la acogida que tendría la nueva
proposición que el propio Frank haría al mando superior y que ya llevaba
nuestra aceptación.

[1] Unidades navales rápidas provenientes de la entonces Unión
Soviética, utilizadas para el patrullaje costero.

De la misma serie:
Red Avispa: las misiones que no deben olvidarse
De cómo fui captado para integrar la Red Avispa
El agente Ariel a prueba de sicólogos

http://cafefuerte.com/2011/11/09/testimonio-mi-salida-ilegal-con-supervision-de-oficiales-cubanos/

jueves, 3 de noviembre de 2011

Testimonio: El agente Ariel a prueba de sicólogos

Testimonio: El agente Ariel a prueba de sicólogos
Última actualización Thursday, 3 November 2011 07:16

Tras ser captado por la Dirección de Inteligencia del Ministerio del
Interior (MININT), el entonces profesor Edgerton Igor Levy comenzó su
preparación para ser enviado como agente de la Red Avispa a Estados Unidos.

Dibujo de una jornada del juicio contra la Red Avispa el tribunal
federal de Miami, en diciembre del 2000.

En este fragmento de su testimonio, cuenta su paso por la llamada "Casa
de Sicología", antesala de su viaje a Miami en 1993.

Levy sería una pieza clave para el desmantelamiento en 1998 de la Red
Avispa, la mayor organización de espionaje cubano en la historia de
Estados Unidos. Desde su llegada a territorio estadounidense contactó e
informó al FBI de su misión, de manera que las autoridades tuvieron
control sobre los movimientos e intenciones de los agentes cubanos en el
sur de la Florida desde el momento de la estructuración de la red.

CaféFuerte publica hoy un segundo fragmento del libro testimonial que
Levy tiene actualmente en preparación sobre esa etapa de su vida.

LA CASA DE SICOLOGIA

Por EDGERTON LEVY

El primer encuentro con Braulio [1] fuera del marco de la universidad,
además de ser muy breve, discurrió de forma natural. Tal parecía que dos
viejos amigos se habían tropezado de repente y decidieron sentarse a
charlar un rato antes de que cada cual continuara su camino. En
realidad, la comunicación entre nosotros no había sido difícil. El me
daba la impresión de ser una persona franca y campechana, tal vez por su
origen campesino, como en algún momento me hizo saber. Lo cierto es que
nunca me sentí incómodo durante nuestras conversaciones, por lo que la
satisfacción que ambos reflejamos al encontrarnos no estuvo desprovista
de sinceridad, al menos en lo que a mi respecta.

- Te dió tiempo a terminar con todo lo que tenías que hacer.

- Si, no fue fácil, porque además de hacer las cosas habituales tuve que
trabajar en la elaboración de todos esos documentos que son bien
trabajosos, pero pude terminarlo todo.

- Eso es bueno, porque así ya te vas acostumbrando a hacer lo que
habitualmente tengas que hacer y cumplir además con las necesidades de
este trabajo, pues no existe un tiempo asignado para estas cosas. Hay
que hacerlas en el tiempo libre de tus obligaciones cotidianas.

Edgerton Ivor Levy, el agente Ariel.

Me referí en sentido general a los elementos valorativos que di en
relación con mi esposa y sólo se interesó por asegurarse de que hubiera
incluído la mayor cantidad de lugares y personas en dichos sitios que
pudieran dar elementos de su trayectoria y actitud política, cuestiones
que por supuesto habíamos contemplado ampliamente. Le informé que había
decidido asumir el seudónimo de Ariel y le expliqué las razones que lo
motivaban. Antes de despedirnos me hizo saber que ya prácticamente todo
estaba arreglado para que a principios de noviembre pasara la semana de
chequeo sicológico. Sólo quedaban por precisar algunas pequeñas cosas,
por lo que me pidió que tan pronto me comunicaran oficialmente a través
de mi departamento la solicitud del Ministerio de Educación Superior
(MES) para que trabajara con ellos en prestación de servicios, se lo
hiciera saber, para darme la fecha exacta en que comenzaría a pasar el
chequeo.

No pasaron muchos días cuando la jefa del departamento me comunicó que
quedaba relegado de la impartición de clases y del resto de mis
actividades docentes a partir de ese momento, ya que me habían
solicitado en prestación de servicios del MES para trabajar con una
delegación extranjera como traductor. Me pidió que le entregara por
escrito la relación de la docencia y las restantes actividades que tenía
programadas para poder sustituirme mientras me encontrara fuera.

Así de sencillo quedaba relegado de todas mis funciones laborales y
totalmente a disposición de "los supremos intereses de la revolución".
No hay nada en Cuba que esté ajeno ni fuera del alcance y posibilidades
de esos oscuros intereses. Bajo ese concepto se envuelven toda clase de
mentiras, engaños y falsedades. "Los supremos intereses de la
revolución" es un algo intangible que está por encima de todo y de
todos. Es algo a lo que se aduce cuando se pretenden imponer ideas o
razones que no admiten cuestionamiento. Es la piedra angular que
justifica la inconmovilidad de quienes se han entronizado en la cima del
poder. Es lo que justifica la posibilidad que tienen quienes mueven los
hilos de todo lo que sucede en el pais, de llegar a todos los rincones
según sus necesidades, hacer y deshacer, quitar, poner y disponer a su
antojo o conveniencia, siempre, bajo el supuesto interés de la revolución.

Esperando por Braulio

De manera que un lunes de principios de noviembre de 1991 me vi sentado
desde poco antes de las ocho de la mañana en un banco del parque que
corre desde la parte posterior del antiguo Palacio Presidencial (ahora
Museo de la Revolución) hasta la Avenida del Puerto, en espera de que
Braulio pasara a recogerme para trasladarme a la "Casa de Sicología",
donde me internarían para hacerme el chequeo sicológico. Una media hora
más tarde ya nos encontrábamos avanzando por todo el Malecón en
dirección a Miramar. Atravesamos el pequeño túnel que está en la boca
del río Almendares para continuar viaje por toda la 5ta Avenida en
dirección a las playas de Marianao. Nos adentramos en una zona para mi
poco conocida del reparto Siboney, en la que recuerdo que uno de los
últimos señalamientos que vi fue el anuncio de la cercanía del Centro de
Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ), poco antes de que Braulio
parara el auto y me pidiera que pasara a la parte posterior del carro y
me acostara a lo largo del asiento para evitar que nadie pudiera verme a
la hora de entrar en el lugar hacia donde nos dirigíamos.

Manejó unos pocos minutos y cuando pude salir de mi eventual escondite,
nos encontrábamos dentro del garaje de una casa con la puerta ya
cerrada, en el que nos estaba esperando una señora algo gruesa, de unos
50 a 56 años, que respondía al nombre de Mirna y era la jefa del equipo
de sicólogos y siquiatras que allí trabajaba. Una vez que Braulio nos
presentó, se marchó, mientras que mi nueva anfitriona me invitaba a
compartir una merienda con ella.

La casa estaba amueblada como si fuera una vivienda común y corriente.
Tenía una sala y un comedor bastante espaciosos que corrían a la
izquierda del garaje a lo ancho de la casa, en el que resaltaba la
magnificencia del juego de comedor. De ahí se pasaba a un pantry y a la
cocina. Allí Mirna me indicó donde estaba la bien surtida despensa, de
la cual podía coger todo lo que deseara: refrescos, latas de jugos de
fruta variados, dulces de distintos tipos en conserva, leche condensada
y evaporada, malta, galletas de soda y de sal, café, azúcar, y dentro
del refrigerador había jamón, jamonada, queso, yogurt. En fin, había en
amplitud todo lo que sólo en rarísimas ocasiones la población podía
consumir. Me explicó que cada vez que ellos recibían a alguien se
asignaba una cuota en particular, pero que la mayor parte de las veces
siempre quedaban cosas que con el tiempo habían ido surtiendo el almacén.

Una casa misteriosa

La cocina tenía una puerta que daba a un patio de cemento que corría a
lo largo de ese costado de la casa hasta desembocar a un patio de
tierra que había al fondo. Toda la edificación estaba rodeada de un muro
de unos siete pies de altura que impedía ver lo que la circundaba a todo
su alrededor e igualmente imposibilitaba cualquier tipo de mirada
indiscreta hacia su interior. La casa tenía aire acondicionado, por lo
que permanecía totalmente cerrada.

Mientras merendamos, se conversó animadamente de nuestras respectivas
familias, de mi actividad como profesor en la universidad y las
particularidades del trabajo con la juventud, de la dificil situación
por la que estaba atravesando el país… Fue una conversación en la que
tuve conciencia en todo momento de que estaba siendo evaluado de forma
general. Al final, me dió una idea panorámica de cómo sería mi régimen
de vida a lo largo de la semana que pasaría allí y durante la cual no
podría salir ni comunicarme con el exterior. Me informó que por las
noches permanecería sólo, pero que habría vigilancia por fuera de la
casa. El almuerzo y la comida serían traídos diariamente en cantinas.

Una vez de regreso al punto inicial en que había dejado mi equipaje, nos
desplazamos hacia el fondo a lo largo de un pasillo en el que la pared
que corría a la derecha daba al otro patio lateral exterior de la casa y
a mano izquierda, habían varias habitaciones, todas cerradas. Según me
indicó, eran las oficinas de trabajo del personal que allí laboraba. Al
final del pasillo, una puerta daba acceso al área donde yo debía
permanecer, al margen de la actividad que tuviera lugar en el resto de
la casa, salvo en horas de la noche y temprano en la mañana, cuando me
era posible moverme por todas partes siempre que regresara a mi
habitación antes de las nueve de la mañana.

El área en que debía estar confinado durante todo el día consistía de
una espaciosa biblioteca llena de estantes semivacios enclaustrados en
dos de sus paredes y amueblada con un juego de sofá, butacones y una
mesita de centro. Había además otra habitación, extraordinariamente
amplia, donde se ubicaba un juego de cama king size con sus dos mesitas
de noche y una cómoda, un televisor a color y un buró con una silla. Un
amplio closet corría a todo lo largo de la pared, tras la cual estaba el
baño.

Preguntas a fondo

Me encontraba terminando de guardar mis cosas cuando Mirna volvió, ahora
acompañada de quien estaría encargada de guiarme en las actividades que
desarrollaría. Era una mujer joven, de unos 30 a 35 años, alta y
delgada, de facciones finas y ojos muy vivos y penetrantes. Dijo
llamarse Marieta y tras la breve formalidad inicial me entregó un test
sicológico a base de figuras, que debía contestar en la hora que quedaba
antes del almuerzo, que a partir de ese día compartiríamos juntos.

La semana transcurrió alternando la realización de diferentes tipos de
tests -incluyendo la evaluación de mi capacidad mental para almacenar
información y la realización de juegos de habilidades en una
computadora- y respondiendo por escrito largos cuestionarios con
preguntas de toda índole, conjuntamente con largas sesiones de preguntas
y respuestas con Marieta y María. Una siquiatra con la que en más de una
ocasión Marieta se acompañó, me imagino que para contar con una opinión
más profesionalmente acabada a la hora de llegar a una conclusión sobre
determinados aspectos relacionados con el objeto de análisis en cuestión.

En estas entrevistas solíamos ampliar sobre los datos autobiográficos
que yo había aportado por escrito en las planillas que me habían sido
entregadas con anterioridad. Profundizaron con detenimiento en los
detalles más insignificantes o aparentemente insignificantes de mi vida,
desde mi niñez hasta ese mismo instante. Abundaron desde cómo eran las
relaciones con mis padres hasta las cuestiones más íntimas de mis dos
matrimonios, las relaciones con mis hijos del primer matrimonio y con la
hija de Ivette, mi esposa, con amistades y con compañeros de trabajo. No
hubo en verdad aspecto de mi vida íntima y social que no fuera analizado
y profusamente tratado en aquellas cuestiones que para ellas resultaban
de importancia.

En lo que a mi respecta, si en algo puse especial atención e hice
particular énfasis, fue a la hora de analizar el significado de Ivette y
Daniel en mi vida, consciente de que en gran medida la aprobación final
de su posible inclusión en el proyecto no dejaría de contar con la
apreciación de la sicóloga y la siquiatra.

[1] Seudónimo del oficial de contacto de la Dirección de Inteligencia (DI).

http://cafefuerte.com/2011/11/03/testimonio-el-agente-ariel-a-prueba-de-sicologos/

martes, 1 de noviembre de 2011

Testimonio: De cómo fui captado para la Red Avispa

Testimonio: De cómo fui captado para la Red Avispa
Última actualización Tuesday, 1 November 2011

A finales de 1991, el entonces profesor Edgerton Ivor Levy, quien
impartía Historia del Movimiento Obrero y la Revolución Socialista de
Cuba en la Universidad de La Habana, fue contactado por la Dirección de
Inteligencia del Ministerio del Interior (MININT) con la intención de
convertirlo en un agente cubano en Estados Unidos.

Edgerton Levy, el agente Ariel enviado a EEUU.

Levy llegó finalmente a Miami en junio de 1993, junto a su esposa Ivette
Bermello, también profesora de la Facultad de Filosofía e Historia, y el
hijo menor de ambos. Seis meses después del asentamiento se produciría
su primer contacto con el jefe de la Red Avispa, Gerardo Hernández, en
una tienda K-Mart de North Miami Beach.

No fueron ellos los únicos académicos de la Universidad de La Habana
captados para la red. Entre las "avispas" figuraron también Daniel
Rafuls, alias José, profesor de Teoría Sociopolítica; y su esposa Vivian
Sabater, alias Tania. Ambos escaparon a Cuba cuando la operación fue
desmantelada en 1998. A su regreso, fueron reacogidos en el seno
universitario y Rafuls fue incluso catapultado como miembro de la
Asamblea Provincial del Poder Popular en Ciudad de La Habana.

Levy sería una pieza clave para el desmantelamiento de la Red Avispa, la
mayor organización de espionaje cubano en la historia de Estados Unidos.
Desde su llegada a territorio estadounidense contactó e informó al FBI
de su misión, de manera que las autoridades tuvieron control sobre los
movimientos e intenciones de los agentes cubanos en el sur de la Florida
desde el momento de la estructuración de la red.

Quedan muchos documentos aún clasificados con información relevante
sobre este caso, y sólo unas tres mil páginas fueron entregadas por los
investigadores para el juicio contra los cinco agentes, cuatro de ellos
aún en prisiones de Estados Unidos.

CaféFuerte publicará a partir de hoy una serie con fragmentos del libro
testimonial que Levy tiene actualmente en preparación sobre esos
dramáticos sucesos de su vida. La primera entrega habla de sus contactos
iniciales con oficiales de la inteligencia cubana en un local de la
Universidad de La Habana.

LOS PRIMEROS PASOS

Por EDGERTON LEVY

Tranquilo internamente en lo que hasta ahora había sido el centro de mis
preocupaciones, esperé pacientemente la fecha de mi próximo encuentro
con Braulio [1]. Ese día estuve, como siempre, puntual en la oficina de
Orlinda[2], con el propósito de saludarla antes de subir a la reunión
prevista.

- Ya están los compañeros esperándote arriba -me dijo después de
saludarnos.

- ¿Los compañeros?

- Sí. Los compañeros -acotó, subrayando la ese.

Esto era algo nuevo. Yo sólo esperaba verme con Braulio, pero la
sorpresa no logró opacar la tranquilidad interior que tenía. No podía
ser para nada malo, solo tendría que extremar el cuidado en mis
expresiones -reflexioné mientras subía las escaleras, confiando en que,
como asevera el refranero popular, guerra avisada no mata soldado .

En efecto, Braulio se encontraba conversando animadamente con una
persona canosa, algunos años mayor que él, pulcramente aseado y vestido.
Su sola presencia denotaba autoridad. No sé si la tendría o no, pero
después que nos presentaron él fue quien se hizo cargo de conducir la
reunión. Una vez que sus preguntas preliminares de rigor relajaron las
tensiones iniciales y todas las partes nos adecuamos al tema que nos
había hecho coincidir, el oficial se dispuso a echar una larga parrafada.

Subrayó la importancia que determinadas tareas tenían para la
supervivencia de la revolución y los sacrificios que en el orden
individual muchos hombres habían tenido que hacer a lo largo de
los años de enfrentamiento al imperialismo -término que
habitualmente utiliza el régimen para denominar a Estados Unidos- en
aras de garantizar la continuidad del proceso revolucionario cubano.
Habló del privilegio que significaba ser depositario de la confianza de
la revolución en el cumplimiento de este tipo de tareas, lo cual no
constituía sino un premio al esfuerzo y sacrificio individual
previamente demostrado. Y expresó que por sus características este
trabajo era ingrato, ya que aquellos que lo lograban desempeñar a
cabalidad eran los que morían sin que nadie llegara a conocer nunca lo
que habían hecho; su hazaña sólo quedaba recogida en los archivos para
cuando alguna vez la historia lo permitiera, si es que acaso alguna vez
lo permitía.

Al concluir, envuelto en la solemnidad que dió a sus palabras, me preguntó:

- ¿Usted está dispuesto a cumplir las tareas que la revolución le
encomiende sin tener en cuenta el lugar ni los peligros que ellas conlleven?

- Ya yo le había dicho a Braulio que conmigo podían contar para
cualquier cosa. Así es que pueden contar conmigo.

- ¿Se da usted cuenta de los riesgos y sacrificios a que estará sometido
en el orden personal? ¿Está consciente de que existe la posibilidad de
que incluso su familia se vea afectada como consecuencia de sus actividades?

- Por supuesto y ello no cambia mi decisión.

Me explicó entonces que conocer mi disposición no implicaba más que dar
inicio a un proceso en el que podrían surgir muchos imponderables que en
esos momentos era imposible predecir. Sólo al final de este proceso
sería posible conocer las posibilidades reales que existían de que yo
pudiera salir a cumplir determinadas misiones. Además, yo debía estar
conforme con que se profundizara en todos los aspectos de mi vida pasada
y presente, pues mientras más conocieran sobre mis vínculos y
relaciones con otras personas, mayores serían las posibilidades de
cumplir exitosamente las tareas que en el futuro se me pudieran
encomendar e insistió en que hurgar lo más posible en mi biografía era
la única forma de poder evitar que surgieran imprevistos que pudieran no
sólo poner en peligro el cumplimiento de una misión, sino mi vida.
Extrajo de su maletín una exhaustiva planilla de carácter autobiográfico
y otra psicológica que me fue explicando de forma general en sus
aspectos más importantes y me aclaró que tenía que guardarlas fuera del
alcance de mi esposa, pues a no ser que el mando superior dispusiera
otra cosa, ella debía mantenerse totalmente al margen de lo que
habíamos conversado, así como de mis actividades futuras.

Creando una leyenda

Me planteó que como parte de este proceso tenía que pasar un chequeo
psicológico de una semana recluido en una instalación preparada al
efecto, por lo que había que trabajar en la elaboración de una leyenda
que justificara mi salida de la universidad por el tiempo necesario. En
este punto de la reunión participamos activamente los tres,
intercambiando preguntas e ideas, y brindando sugerencias. A mi se me
ocurrió utilizar el marco de mi actividad anterior en el ICAP en la
atención a invitados extranjeros como un pretexto válido que permitiera
justificar mi salida por un tiempo del departamento. Braulio enseguida
expresó que a través de Céspedes[3], jefe del despacho de Fernando
Vecino Alegret, entonces ministro de Educación Superior (MES) -quien
colaboraba habitualmente con ellos- tenían la posibilidad de solicitar
mis servicios para servir de intérprete y acompañante de una supuesta
delegación extranjera invitada a Cuba, aduciendo mis años de
experiencias en esa dirección. Intercambiamos sobre los pro y contras de
la idea, sobre la que finalmente quedamos en que ellos trabajarían y me
harían llegar los particulares de su implementación.

Cuando ya el oficial del MININT dió conclusión a la reunión expresando
su complacencia por la decisión que yo había tomado y deseándome los
mayores éxitos en mi desempeño futuro, en medio de la despedida Braulio
me informó que a partir de ese momento nuestros encuentros no serían más
dentro de la Universidad. Me citó para dentro de un par de semanas en el
parque del Quijote (23 y J, en el Vedado) y me dió un teléfono al cual
debía llamarlo al aproximarse la fecha, para establecer el día y
precisar la hora. Para esa ocasión debía llevarle las planillas con el
máximo de datos posible y me pidió que le diera por escrito una
informacion general sobre mi esposa, lo cual debía ir acompañado con mi
valoración sobre su persona. Por último, me solicitó que para el próximo
contacto escogiera un pseudónimo, por el que se me conocería en lo adelante.

La oportunidad de escapar juntos

En esta ocasión ya tenía compañía para disfrutar los resultados de tan
fructífero encuentro. Salí con la impresión que de no surgir un
imprevisto en relación con Ivette, ella también contaba con su boleto a
bordo. Todo dependía de que nos esmeráramos en la elaboración de las
informaciones y la valoración que sobre ella me pedían. Ese día
festejamos en el marco de nuestra intimidad, sin limitaciones, la
posibilidad real que se nos abría de escapar juntos de la enajenada y
surrealista vida a que se ha condenado al pueblo cubano bajo el castrismo.

En realidad, la nuestra no era de las peores. Teníamos la posibilidad de
preparar nuestras clases en la casa, de donde sólo salíamos para cubrir
la impartición de nuestra docencia y asistir a las reuniones del
departamento o del partido. Ni siquiera perdíamos tiempo en caerle atrás
a la cuota de alimentos que corresponde por la libreta de
abastecimientos cuando estos llegaban al mercado, pues le pagábamos a
una señora para que nos librara de esos menesteres que eran casi una
formalidad en cuanto a lo que uno podía comprar, pero que para
obtenerlos, por regla general consumen una inmensa cantidad de tiempo a
la población. Otros que se especializaban en bolsa negra nos llevaban la
mayor parte de lo que verdaderamente consumíamos procedente del bien
abastecido mercado subterráneo, sin el cual es imposible subsistir en
Cuba. En esos años de penurias inimaginables, ambos salarios se nos iban
casi íntegramente en la compra de alimentos, a pesar de que cada uno
duplicaba el salario medio de la población.

De manera que nos dedicamos en cuerpo y alma, durante las dos semanas
siguientes, a cumplimentar todo lo que Braulio me había pedido que le
llevara a nuestro próximo encuentro. La planilla autobiográfica tenía
una sección dedicada a cada uno de los padres que recogía desde quiénes
a su vez habían sido sus padres -mis abuelos- y el lugar de nacimiento,
hasta lo más significativo en el desarrollo de sus vidas. De igual forma
se recogía la información relacionada con hermanos, medio-hermanos y
conyuges. Lo más agotador y extenuante de los datos autobiográfícos era
que había que recordarse de las relaciones y amistades más remarcables
en cada uno de los diferentes momentos de la vida; por ejemplo durante
la escuela primaria, secundaria, etc. y si se tenía conocimiento de
donde estaban y qué hacían esas personas. Particular atención se
prestaba a las relaciones que uno tuviera con miembros activos del
MININT, de los cuales yo conocía a muchos, sobre todo de la época en que
trabajaba en el ICAP.

Cuéntame tu vida

La planilla psicológica abordaba esencialmente lo relacionado con los
gustos, inclinaciones y preferencias en el orden personal. Si fumaba,
bebía y lo que pensaba de las personas que lo hacían. Mi opinión y
actitud ante el trabajo y lo que esto para mi constituía. Mis
consideraciones, opiniones y experiencias sexuales. Particularidades en
cuanto a mi comportamiento en el marco social. La forma en que
establecía y mantenía a lo largo del tiempo relaciones con las demás
personas. Las cualidades y las virtudes que más apreciaba y las que más
detestaba. En fin, todo lo imaginable en cuanto a uno y la interacción
que se establece con el medio social circundante.

En relación con los pseudónimos, que era otra de los cuestiones que
teníamos que cumplir, decidimos aprovechar la selección de nombres con
que contábamos cuando esperábamos el nacimiento de nuestro hijo. Yo
asumiría como pseudónimo el de Ariel, que fue el otro nombre que se
estuvo debatiendo hasta que se decidió que le pondríamos Daniel. Y ella
el de Laura, que fue el previsto en caso de que fuera hembra.

Trabajamos infatigablemente a cuatro manos, incluso en la valoración que
dí de ella misma. Todo lo cual nos sirvió no sólo para concluir con el
más perfecto y acabado trabajo posible en función de lograr lo que
queríamos, sino que nos permitió identificarnos todavía mucho más.
Disfrutamos sin límite largas horas de discusión respecto a los más
variados temas sobre los que se requería de una consideración o una
opinión y siempre acabábamos haciéndonos el amor. Asi había sido desde
el primer día nuestro estilo de enfrentar los problemas habituales del
trabajo y de nuestras propias vidas.

NOTAS

[1] Seudónimo del oficial de contacto de la Dirección de Inteligencia (DI).

[2] Secretaria del Partido Comunista (PCC) en la Universidad de La
Habana. En su oficina se realizó el primer contacto de la DI conmigo.

[3] Luis Felipe Céspedes Espin

http://cafefuerte.com/2011/11/01/testimonio-de-como-fui-captado-para-integrar-la-red-avispa/