jueves, 11 de agosto de 2011

La matraca de los Cinco

Red Avispa

La matraca de los Cinco
Miguel Fernández-Díaz
Miami 11-08-2011 - 6:07 pm.

Nada de lo acabado de publicar como 'revelaciones' por la bandería de
Los Cinco hace veraz su argumento de que la prensa miamense envenenó el
juicio.

La Habana, 1 de agosto de 2011. (REUTERS)

El Comité Nacional para la Libertad de Los Cinco (EE. UU.), la
Asociación por la Justicia Civil (EE. UU.) y el periódico francés
Libération acaban de anunciar "revelaciones" con los contratos entre la
Oficina de Transmisiones hacia Cuba y 18 periodistas en Miami, que dan
pie a la falacia de haber participado así en "operación de propaganda"
de la Casa Blanca para crear "el clima que condenó a sanciones
exorbitantes a cinco agentes cubanos".

Uno espera que tan sonados documentos revelen que Washington pagó a
estos periodistas por escribir algo concreto en contra de Los Cinco,
pero todo es un bluff : son los contratos por colaboraciones pagadas con
Radio y TV Martí, las cuales datan de mucho antes de que las avispas
cayeran en la red (septiembre 12, 1998), prosiguieron después de
dictarse la última condena del caso (diciembre 27, 2001) y, sobre todo,
tales colaboraciones no se oyeron ni vieron en Miami porque así lo
disponía el gobierno de los EE UU en aquel entonces.

La bandería de los cinco espías penitentes de la Red Avispa imputa
operación de propaganda sin identificar a sus organizadores ni
esclarecer cómo los pagos por colaboraciones con Radio y TV encubrían
remuneración por trabajos contra Los Cinco en The Miami Herald, El Nuevo
Herald, Diario Las Américas, la radio y la televisión miamenses. Así que
las nuevas "revelaciones" no sirven para otra cosa que dar más vueltas a
la ruidosa matraca de los agentes de Castro que se infiltraron en los EE
UU, pero no son espías, sin mejorar la calidad del argumento que viene
esgrimiéndose a su favor por lo menos desde que el abogado William
Norris, defensor de Ramón Labañino, usó $ 6.500 de los fondos federales
para la encuesta con que el psicólogo social Gary Patrick Moran
(Universidad Internacional de la Florida) pretendió demostrar la
imposibilidad de juicio imparcial en Miami a personas vinculadas al
castrismo.

Táctica manida

El 15 de febrero de 1977, al comenzar la primera fase (extracción de
capital) del plan castrista de colonización del sur de la Florida,
Fernando Fuentes Cobas registró la aerolínea American Airways Charters
(AAC) en Hialeah y estuvo operándola hasta que la aduana detectó, en
1982, su rampante contrabando a Cuba de piezas de repuesto para autos y
aviones, equipos de comunicación y hasta morrales repletos de monedas de
25 centavos.

Su abogado defensor, James McMaster, solicitó cambiar la sede del
juicio, ya que era imposible seleccionar en Miami jurado imparcial por
causa del revuelo de los medios contra Castro. La prueba sociocientífica
se encargó al mismo Patrick Moran, pero los morrales pesaban demasiado.
El juez federal James Kehoe rehusó cambiar la sede y terminó por
sentenciar a Fuentes Cobas a un año de cárcel y multa de $10.000. Sin
embargo, Kehoe pecó de ingenuo al conceder libertad bajo fianza y
Fuentes Cobas no esperó el fallo de apelación. Escapó a México, reanimó
allí la carrera artística de Gina León y acabó siendo inhumado en el
Panteón de los Emigrados Revolucionarios (Cementerio de Colón).

Hasta el bando anticastrista se ha valido del arte de cambiar la sede. A
poco de romper con la CIA e insultar al presidente Kennedy con el
panfleto Tragedia de Cuba (1963), Orlando Bosch se enredó con otras
cuatro agencias federales (FBI, Aduana, Guardacostas e Inmigración) y
terminó siendo arrestado el 11 de octubre de 1968 por haber cañoneado un
mes antes un barco polaco en el puerto de Miami. Su abogado defensor,
Melvyn Greenspahn, pidió al juez federal William O. Mehrtens enjuiciarlo
fuera de Miami, ya que la prensa local asociaba a Bosch con otras
acciones terroristas. La moción no prosperó y el juicio se efectuó ante
jurado miamense, escogido en apenas 90 minutos, que declaró culpable a
Bosch. Mehrtens lo condenó a 10 años.

Los Cinco vinieron por camino trillado al solicitar a la jueza federal
Joan Lenard, el 16 de octubre de 1999, cambio de sede judicial para Fort
Lauderdale. La fiscalía debió cortar de cercén la agitprop castrista con
solicitud de llevar el juicio más lejos: a condado redneck donde la
mayoría de la gente —como habría demostrado Moran con facilidad— no
supiera quién es Fidel Castro. Pero no lo hizo y llegaría al colmo en el
pleito "Ramírez contra Ashcroft et. al." (2002) sobre discriminación de
hispanos por sus empleadores. El Fiscal General pidió al juez federal
Paul C. Huck cambiar la sede, por ser casi imposible un juicio imparcial
en Miami, y ejemplificó con el alboroto del exilio ante la decisión
ejecutiva de devolver al balserito Elián González.

Miami: ¿salación judicial?

En el caso de Los Cinco, Moran encuestó por teléfono a 300 miamenses y
resultó que 69% estaba prejuiciado contra las avispas; 39,6%, proclive a
no ser imparcial; y 35,6% , preocupado por las reacciones del exilio si
el veredicto era favorable a los agentes castristas.

La jueza Lenard denegó el cambio de sede: la encuesta de Moran
franqueaba a la defensa escoger 12 jurados entre el 31% sin prejuicios,
el 60.4% sin proclividad y el 64,4% sin preocupación. Aquí la fiscalía
pudo exigir también que ni entendieran español ni vivieran en Hialeah,
pero a la postre (diciembre 6, 2000) se constituyó el jurado con un
ciudadano americano de ascendencia filipina, tres anglos, tres afro y
cinco latinos. Nadie de origen cubano.

La bandería de Los Cinco troca ahora la sede por la fede en que los
medios siempre hacen diana en el público y todo Miami está al tanto de
las cubicherías. El alegato gira en torno a artículos de prensa escrita
tildados de falaces o tendenciosos, que habrían concitado animosidad
insuperable entre los miamenses contra las avispas.

Antes que dilucidar si los jurados leyeron esos artículos, veían la
televisión u oían la radio hispana de Miami, o pasaron alguna vez por el
restaurante Versailles, los alabarderos de Castro se empinan sobre la
premisa pueril de que el debido proceso entraña silencio mediático
absoluto. Vayamos a la versión más refinada del argumento: la última
moción, del 12 de octubre de 2010, del jefe de la Red Avispa, Gerardo
Hernández Nordelo.

Para despachar a todo Miami como sede bajo influencia de los medios, la
defensa blandió dos artículos de Wilfredo Cancio Isla en El Nuevo
Herald, cuatro de Ariel Remos y uno de Helen Ferré en Diario las
Américas, sin verificar si The Miami Herald había atinado a darlos en
inglés. Nada mejor que eludir la diversidad cultural con análisis de
contenido de tres periódicos, como si no circularan New Times y otras
decenas. Así pasaron por alto que, para medir la influencia mediática,
es preciso estudiar las audiencias antes que los mensajes.

La culpa del mensajero

La bandería de Los Cinco agita sobre todo el artículo de Wilfredo Cancio
"Cuba usó alucinógenos al adiestrar a sus espías" (El Nuevo Herald, 4 de
junio de 2001), que se basa solamente en un informe rendido al FBI por
el desertor "Alex o José".

El periodista Ariel Remos sería también mercenario a sueldo de
Washington, con misión encubierta de atizar el fuego contra la Red
Avispa, por publicar que "Castro planeó el asesinato en EE. UU. de Jesús
Cruza Flor" (Diario Las Américas, 19 de enero de 2001), así como había
planeado "desembarcar armas y explosivos" en la Florida. Pero aquel plan
de asesinato consta documentado hasta en el detalle de perpetrarlo con
libro-bomba (Operación Paralelo, 1994) y los desembarcos planificados se
confirmaron por los exavispas Alejandro Alonso (en juicio) y Ed Levy
López (por televisión). Y ahora toda la matraca busca culpar al
mensajero por una falla del propio servicio de inteligencia de Castro:
no haber enseñado bien a sus agentes a aguantar la lengua ni haber
trasmitido sus mensajes con códigos indescifrables.

Al parecer, la bandería de Los Cinco no se acuerda de que Rodolfo
Dávalos, vocero en La Habana de la defensa jurídica de Los Cinco, pudo
citar a su favor un comentario de Ernesto Betancourt que Rui Ferreira
recogió el 30 de abril de 2001 en El Nuevo Herald: "Como están las
cosas, van a poner en libertad a estos espías". Tampoco parecen
acordarse de que la "revelación" original de 10 periodistas en Miami que
"habían aceptado dinero del gobierno de Estados Unidos" salió en la
primera plana de The Miami Herald por obra y gracia de Oscar Corral.

La tanda de documentos insustanciales que presenta ahora solo eleva la
cifra de 10 a 18 periodistas, y por ahí pueden llegar hasta unos 40,
como todo el mundo sabe en Miami, donde las colaboraciones pagadas con
Radio y TV Martí vienen de lejos. Al menos en El Nuevo Herald pueden
remontarse a 1985 con el finado Luis Aguilar León.

Coda

Nada tiene de reprochable la insistencia en romper la doble cadena
perpetua de Gerardo Hernández, que parece exagerada, pero debe haber
maneras más decentes de ayudar a que se cumpla la consigna "¡Volverán!",
proferida por Castro casi a los tres años de haber sido detenidos Los
Cinco junto con otros cinco de cuyos nombres no quiere acordarse:
Alejandro Alonso, Joseph y Amarilys Santos, Nilo y Linda Hernández.

http://www.ddcuba.com/cuba/6339-la-matraca-de-los-cinco